20 noviembre 2007

En el banco de la plaza


Hace unos minutos llegué del gym.

Siempre paso por una plaza que está frente a la iglesia redonda de Belgrano (así es conocida acá en Buenos Aires) pero nunca me detengo a sentarme en uno de los tantos bancos que hay.
Sin embargo, vaya uno a saber porqué, me tomé unos minutos y me senté a observar a los demás y a pensar un poco en mí.



Me dí cuenta de que a veces vivo acelerado y que ando tratando de caerle bien a los demás, y creo que casi todo el mundo hace eso sin quererlo. Por ahí estoy medio loco pero, para ser sincero, me gustó eso de tomarme dos minutos para reflexionar.

Ví que la plaza está rodeada de una reja que cierran a la noche, y me acordé que cuando era chico eso no existía. Ni las plazas se salvan de las rejas hoy en día.

Ví que había un promedio de una persona en cada banco
pensando vaya uno a saber en qué.

Ví también que la mayoría de la gente sentada era grande (más de 60 años) y quizá estarían pensando en su pasado, en sus hijos, o en los remedios que quizá no puedan comprar.

Miré a las palomas que se acercaban a mí en busca de algo para comer, miré a la gente que pasaba apurada (como por lo general paso yo), miré también a un par de parejas y me sentí extrañamente solo: hasta ahora nunca me molestó sentirme solo. Hoy sí.

Y por un momento les tuve envidia.

Todo eso en 5 minutos que me senté en el banco de la plaza.

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